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Aviones seguros, pasajeros plácidos

Una de las razones que permiten a la aviación ser uno de los medios de transporte más seguros es, sin duda, la existencia de unos estrictos protocolos de mantenimiento para las aeronaves. Se trata de procedimientos reglados, específicos para cada aeronave, que cuentan en todos los casos con la aprobación y seguimiento de las autoridades aeronáuticas de cada país.

El programa de mantenimiento de cualquier avión es un pilar básico para garantizar no solo la seguridad sino la longevidad de la aeronave en las mejores condiciones posibles de fiabilidad.

Aunque depende de diversas circunstancias, se asume que la vida útil media de un avión comercial está en torno a los 25 años. Sin embargo, esta cifra es engañosa. En primer lugar, porque va a depender realmente de las horas de vuelo que efectúe el aparato a lo largo de los años y, además, porque esto puede variar en función de otros factores como el modelo de avión, climatología del entorno, el estricto cumplimiento de los planes de mantenimiento, etc.

Es raro que una línea aérea mantenga un aparato durante tanto tiempo. En realidad, la vida media de una aeronave en una compañía está en torno a los 10 años (Air Europa 4,3; Emirates, 6,1; Iberia 9,4; KLM 10,4; Lufthansa 11,2; Air France 11,3 o British Airways 12,5) (1). Después son vendidas a otras aerolíneas y finalmente pueden reconvertirse en aviones de carga. En todos los casos, cada aeronave habrá consumido a lo largo de su vida muchas de horas de mantenimiento y revisiones a cargo de mecánicos, técnicos e ingenieros. Ellos se habrán encargado de su puesta a punto en instalaciones muy especializadas para que, a pesar de los años, los aviones sigan luciendo una palpable juventud.

Pero, ¿en qué consiste el mantenimiento de los aviones?

Cualquier aeronave sigue un plan de revisiones programadas en base a las horas de vuelo y con especificaciones concretas para cada modelo. Su finalidad es mantener el estándar (certificado) de aeronavegabilidad de la aeronave, lo cual pasa por disponer del mayor índice de seguridad posible y, consecuentemente, de la máxima fiabilidad.

Eso sí, en cualquier momento, en caso de constatar una avería en un avión, se valora y, si se estima necesario, se procede a su arreglo de forma inmediata. Es lo que se denomina un procedimiento no programado.

Por su parte, los mantenimientos programados son aquellos que, independientemente de cómo funcione la aeronave, es obligatorio llevarlos a cabo al cumplir determinado número de horas de vuelo. Su propósito es la actuación preventiva. Incluyen todas las operaciones necesarias para mantener a los aviones en perfecto estado de funcionamiento, garantizando su vida útil y reduciendo en lo posible los costes por averías. Aunque en última instancia dependen del modelo de aeronave, en general son los siguientes:

Revisión en tránsito o pre-vuelo.

Es una inspección rápida que se realiza antes de emprender cualquier vuelo o escala. Se verifica el estado general del avión, tren de aterrizaje, nivel de combustible, aceite, hidráulica, paneles de acceso, etc.

Revisión diaria.

Se realiza antes del primer vuelo del día. Aparte de lo mencionado anteriormente, se comprueban sistemas y equipos.

Revisión de servicio.

Tiene lugar cada 100 horas de vuelo (aproximadamente una semana). Se comprueban todos los aspectos relacionados con la seguridad de la aeronave, se corrige cualquier incidencia detectada y se repasan y optimizan todos los niveles de fluidos necesarios para volar.

Revisión A.

Se realiza cuando el avión tiene entre 500-800 horas de vuelo o 200-400 ciclos (se llama así a cada serie de despegue y aterrizaje). Incluye una inspección general de la estructura del aparato, sistemas y componentes. La revisión afecta tanto a interior como exterior de la aeronave, la cual debe pasar la noche en el hangar correspondiente.

Revisión B.

Es complementaria y de mayor intensidad que la anterior y se suele aplicar a los aviones más antiguos (los modernos no lo precisan en general). Se lleva a cabo cada 4-6 meses y tiene una duración de entre 1 y 3 días.

Revisión C.

Se produce cada 15-24 meses y conlleva una parada en el hangar de entre una y dos semanas. Se lleva a cabo un procedimiento de mantenimiento completo y extenso, pormenorizado por áreas, de todos los elementos interiores y exteriores del avión. Algunas compañías aprovechan para introducir ciertas innovaciones y renovar la cabina (elementos multimedia, sistemas de iluminación, reordenar las clases…).

Revisión D.

También se le denomina “la Gran Parada” y se realiza cada 6 años. Es el proceso de mantenimiento más exhaustivo de todos por los que pasa un avión a lo largo de su vida. En función del tipo de avión, pueden intervenir hasta casi 300 trabajadores especializados (caso del A380) que, con unas 60.000 horas de trabajo invertidas, mantienen en dique seco al avión entre 45 y 60 días. Su coste está en torno a unos 2 millones de euros. Es obvio que para los aviones pequeños estas cifras son muy inferiores.

Durante la Gran Parada se desmonta la práctica totalidad del avión, incluso se sustituye la pintura por completo, se hace una revisión estructural de todas las partes del avión, se analizan las superficies con rayos-X, se desmontan motores y se sustituyen algunas piezas por otras originales, incluso aunque estén en buen estado. Esta revisión finaliza con verificaciones funcionales en tierra y un vuelo de prueba donde se prueban todos los sistemas y se somete al avión a condiciones extremas de vuelo durante 6 horas bajo la supervisión de pilotos, técnicos e ingenieros.

Tal es la profundidad de estas revisiones que casi siempre son aprovechadas por las líneas aéreas para el cambio completo de sistemas por otros más avanzados y recientes que, muy probablemente, no existían cuando se adquirió el aparato. También es cierto que, debido a su coste y tiempo de cuarentena, algunas compañías aprovechan para vender el avión y sustituirlo por otro de estreno.

El resultado de la Gran Parada es un avión con cero horas de vuelo o, lo que es lo mismo, como si acabara de salir de fábrica.

No hay opción para las compañías aéreas más que la de cumplir estos procedimientos de mantenimiento con independencia del estado aparente de las aeronaves. En caso de no ser así, perderían el correspondiente certificado de aeronavegabilidad y el avión debería quedar en tierra.

La seguridad en aviación no es algo baladí. Es un imperativo asumido por todos. Cumplir con los protocolos de mantenimiento de las aeronaves es, por tanto, fundamental para ganar la confianza y garantizar la máxima seguridad a quienes mantienen todo este negocio en marcha: los pasajeros.

 

(1) Datos tomados de AirfleetsPlanespotters (oct. 2016)

 

 

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07/11/2016

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