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La elección de astronautas: reto y responsabilidad

Daniel Torres

Daniel Torres

AERTEC / Corporate Governance & Control

Desde los orígenes de nuestra especie, los seres humanos hemos tenido siempre una increíble inquietud por investigar lo desconocido. Cuando se habla de exploradores y aventureros, todo el mundo piensa en personajes muy famosos como Colón, El Cano, Livingston, Cook, Hillary, Amundsen…

En lo que a exploradores se refiere, el siglo XXI va a tener como protagonistas a los astronautas. El sistema solar será el indiscutible espacio donde los aventureros conocerán nuevos entornos y realidades en nombre de toda la humanidad. Eso, aparte de un enorme reto, es una gran responsabilidad tanto para las personas que irán, como para todos los profesionales que han de comprobar que los elegidos podrán afrontar los retos que se les planteen de manera exitosa, y para ello tendrán que ser personas con multitud de recursos personales y con la adecuada preparación para ello.

No vale cualquier persona, sino que el perfil de los futuros astronautas pasa por altos requisitos físicos, psicológicos, de preparación académica, experiencia e idiomas.

Para tener a los mejores, las agencias espaciales son cada vez más exigentes a la hora de reclutar y seleccionar a los futuros viajeros espaciales. Sin ir más lejos, yéndonos a la Agencia Espacial Europea (ESA) o a la NASA, los candidatos elegidos han de ser personas polivalentes y han de cumplir con mínimos en distintas facetas.  

Por un lado, en cuanto a criterios de nacionalidad, edad y género: igual que la NASA, la ESA sólo permite candidaturas de nacionales de estados miembros de la Agencia, entre los que se encuentran España, Francia, Reino Unido y Alemania. Por supuesto, no hay restricciones en materia de género. En cuanto a la edad idónea para comenzar los entrenamientos, se prefieren candidaturas de ingreso de entre 27 y 37 años.

Los importantes criterios físicos a tener en cuenta son ineludibles, dado que las misiones espaciales son cada vez más exigentes. En el siglo XX se trató casi siempre de estar sólo unas centenas de horas en una nave espacial, pero actualmente, tras el apogeo de las estaciones espaciales, las misiones duran muchas semanas. Con la voluntad de enviar astronautas a Marte ya se habla de años de viajes espaciales.

Pasar meses, o incluso años, en una cápsula espacial o una estación espacial, con el efecto de la ingravidez entre otras cosas, se convierten en una prueba muy exigente, con lo que los requisitos físicos y médicos son muy difíciles de alcanzar. Aparte de una altura estándar (entre algo más de 1,55 y 1,90 aproximadamente) y peso normal, se hace pasar a los candidatos un exhaustivo examen de evaluación, abarcando entre todos el sistema cardiovascular, muscular y vesicular. Los sentidos también deben funcionar a la perfección, en especial la agudeza de visión, que no ha de tener ninguna pérdida. Han de superarse además pruebas de resistencia que prueben que el candidato tiene las cualidades físicas adecuadas.

Los requisitos de personalidad son también muy importantes: un astronauta debe estar preparado para trabajar bajo presión y en equipo, en condiciones extremas y durante mucho tiempo. Por ello, su personalidad debe estar caracterizada por una alta estabilidad emocional, resiliencia, motivación, sociabilidad y flexibilidad. Debe ser una persona nada agresiva y capaz de crear y sostener, junto con sus compañeros, un ambiente de trabajo tranquilo y adecuado para misiones de larga duración en espacios limitados.

Hay cuatro grandes factores para los que los astronautas han de estar preparados desde el punto de vista psicológico. El primero, los síntomas y molestias provocados por la microgravedad, que van haciendo mella y se convierten en una causa de agotamiento mental; por otro, el aislamiento, tanto de los seres queridos como del mundo en general, que obliga a convivir con unas pocas personas durante un buen periodo de tiempo, en un espacio cerrado y a muchos kilómetros de la tierra; en tercer lugar, la falta de descanso y de sueño, que también influye obviamente en el estado de ánimo y el carácter; y, por último, el estrés en general que sufre el astronauta, por toda las exigencias de la misión, incluidos los puntos anteriores.

Es por ello que, después de fuertes entrevistas personales y tests de personalidad, se hace un seguimiento a los astronautas durante su formación, una vez ya han sido elegidos. Se considera que dicho seguimiento es incluso parte del proceso de elección de los más afortunados que viajarán finalmente fuera de la Tierra.

La preparación profesional y académica no ha de olvidarse. Además de título universitario, los aspirantes a astronauta han de tener al menos tres años de experiencia profesional en alguna de las áreas establecidas como disciplina relacionada con el espacio, siendo vital que el candidato sea excelente en alguna de esas áreas.

Hay perfiles específicos muy aceptados, como pilotos de prueba e ingenieros de vuelo, que suelen entrar de manera directa para las funciones de vuelo y pilotaje. También se van desarrollando requisitos de conocimientos de disciplinas muy aplicadas en el espacio como la robótica, biología o nanotecnología, así como el clásico requisito de los idiomas. En este sentido, en el caso del astronauta europeo debe hablar inglés con un nivel muy alto, y además de ello hasta la fecha ha sido una gran ventaja dominar el ruso, ya que hasta ahora la colaboración y contacto con astronautas rusos – veremos el futuro- han sido hasta la fecha altísimos.

Como ejemplo paradigmático de preparación para la aventura espacial, no podemos terminar sin mencionar a Alyssa Carson. Esta joven estadounidense es firme candidata a convertirse en el primer ser humano que pise Marte, siempre que Estados Unidos siga siendo la primera potencia espacial y lo consiga, con el permiso de China o algún consorcio espacial internacional. Alyssa ya desde muy pequeña tenía claro que quería ser astronauta. Ha estado continuamente aprendiendo y formándose, y en la actualidad es embajadora del proyecto privado Mars One, que tiene como meta la colonización de Marte. Aspirante a ingresar en la Universidad Internacional del Espacio, compagina actualmente sus estudios con dominar lenguas útiles para su objetivo: inglés, mandarín, español, ruso y francés. La NASA la considera firme candidata para la misión de conquistar Marte. Eso ocurriría alrededor del 2033.

 

Entrenamiento de astronautas / NASA

 

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