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Planeta 9

Rodrigo Valdivieso

Rodrigo Valdivieso

Unmanned Aerial Systems Expert

Como ya es sabido, Plutón fue descubierto en 1930 y dejó de ser considerado como planeta en 2006, cuando la Unión Astronómica Internacional le retiró ese título por no cumplir los requisitos mínimos de planeta. Pero lo que poca gente sabe es que, de esa manera, Plutón también pasó a ser el primer y más conocido Objeto del Cinturón de Kuiper (KBO) al que luego se le fueron agregando miles y miles de otros objetos

El cinturón de Kuiper es una nube de desechos remanentes de la etapa de formación temprana de nuestro Sistema Solar consistente en decenas de miles de objetos (de los cuales sólo se han catalogado apenas 2.000) de diferentes naturalezas y tamaños que orbitan en una formación discoidal alrededor de nuestro Sol con una extensión enorme cuyo perímetro interior empieza a una distancia de 30 UA (1 Unidad Astronómica o UA es la distancia media de la Tierra al Sol) y cuyo perímetro exterior más definido acaba a 50 UA …pero el cinturón continúa en extensión perdiendo densidad gradualmente hasta distancias de más de 1.000 UA. Un alto porcentaje de KBOs son cuerpos de hielo de agua y metano de más de 100Km de diámetro que originan la mayoría de los cometas de periodo corto que probablemente dieron lugar a la formación de nuestra atmósfera y nuestros mares por impacto con nuestro planeta.

Plutón ha sido considerado planeta desde su descubrimiento, en 1930, hasta 2006, momento en el que pasó a ser el primer objeto del poco estudiado cinturón de Kuiper.

Desde la predicción de la existencia del Cinturón de Kuiper en 1951 y su posterior confirmación en 1992, se ha podido comprobar que las órbitas de varios KBOs de zonas exteriores no responden a las predicciones realizadas con los más avanzados medios de observación, medida y cálculo y que extrañamente esas órbitas adoptan un formato de excentricidad muy poco corriente a la vez que también se alinean con preferencia en una dirección concreta en contra de una distribución más uniforme. La improbabilidad de esas órbitas obliga a considerar la existencia de un cuerpo relativamente masivo y no detectado cuya influencia gravitacional en el transcurso de miles de millones de años ha ido deformando las órbitas de decenas de KBOs ordenándolas y estirándolas hasta dejarlas donde están ahora.

Las simulaciones más precisas sugieren que esas órbitas se podrían explicar si se tuviese en cuenta un super-planeta de 5 a 10 masas terrestres con una órbita de 300 a 700 UA extremadamente excéntrica, de gran inclinación con respecto al plano del resto de planetas y con una duración de 10.000 a 20.000 años. Las características de esta órbita hacen que actualmente sea imposible detectar ese cuerpo directamente.

Su origen es incierto, pero se barajan varias posibilidades:

Una de ellas, quizá la más aceptada, es que se formó en la misma época que el resto de los planetas en una zona cercana al Sol pero en una órbita relativamente inestable que terminó  sucumbiendo a la interacción con Júpiter o Saturno y de ahí fuese eyectado a su actual órbita estable que es tan lejana y solitaria que desde entonces detuvo su crecimiento por acreción (captura de materia de su entorno) lo que le impidió convertirse en otro Júpiter y ya no se ve afectado por el resto de los planetas del Sistema Solar.

También se considera que su peculiar órbita se explique por la posibilidad de que fuese un plantea solitario originado en otro sistema solar pero expulsado de él (por el mismo mecanismo comentado anteriormente) y posteriormente capturado por nuestro Sol.

Pero la teoría más reciente es que ni siquiera se trata de un planeta. Algunos astrónomos piensan que podría ser un agujero negro primordial del tamaño de un balón de fútbol.

Estos agujeros negros primordiales son una clase hipotética de agujeros negros formulados por Stephen Hawking en 1974. Se formaron fracciones de segundo después del Big Bang y son los principales sospechosos de concentrar la materia oscura del universo que se sabe que existe pero que todavía no ha sido posible localizar. Debido a la radiación de Hawking muchos de ellos se van deshaciendo hasta desaparecer, pero en ese proceso pueden adquirir cualquier tamaño ya que no están sometidos al tamaño mínimo posible (límite Tolman-Oppenheimer-Volkoff) de 12.000m de diámetro que aplica a agujeros negros formados a partir de una estrella de 2,2 masas solares (el tamaño de estrella más pequeño que puede llegar a convertirse en un agujero negro).

Desgraciadamente, los agujeros negros, por definición, son invisibles en todos los espectros de radiación y no se pueden detectar directamente como una estrella o una nebulosa caliente sino por los efectos que producen a su alrededor. Si, además, son de tamaño minúsculo entonces las probabilidades se reducen más todavía. A pesar de ello, se han detectado muchos agujeros negros (aunque todos de gran tamaño y ninguno primordial) por medio de las ondas gravitacionales que producen en sus colisiones (al menos 10 sistemas binarios de agujeros negros se han detectado ya por este reciente método,) por las órbitas alteradas de cuerpos cercanos, por los discos de acreción que se generan cuando devoran a una estrella vecina, etc.

En el caso de que Planeta 9 fuese un agujero negro primordial, lo más probable es que pueda ser detectado observando cómo desvía la órbita de algún cometa, dado que se mueve en una zona en la que abundan esos objetos.

Por otro lado, también hay astrónomos que opinan que los datos que predicen la existencia del Planeta 9 son meramente producto de un artefacto debido a los límites técnicos de la capacidad de observación actual y a posibles sesgos estadísticos en los procesos de catalogación de cuerpos celestes cuando se centran en zonas concretas del espacio.

De todas formas, siempre vale la pena conocer con más profundidad a nuestros vecinos solares (nunca se sabe qué puede estar acechando en la oscuridad) así que ya hay varias líneas de investigación para confirmar la existencia (o inexistencia) del Planeta 9 y, en caso de que exista, para caracterizar su naturaleza.

Las iniciativas más inmediatas ocurrirán en 2023 cuando se pondrá en órbita el Transitioning Exoplanet Survey Satellite (TESS)  que está diseñado para la detección de exoplanetas pero que tiene altas probabilidades de aportar detalles también en este caso (más sobre el proyecto TESS en el artículo Exoplanetas). 

En ese mismo año, también se espera que ya esté operativo el Large Synoptic Survey Telescope (LSST) localizado en Chile (y con un alto aporte de fabricación por parte de España) que está diseñado específicamente para el barrido de grandes áreas de espacio y su comparación en largos periodos de tiempo lo que permite la detección de pequeños objetos dentro de nuestro Sistema Solar, como cometas lejanos, que puedan ser influenciados por un agujero negro primordial.

Así que, queda pendiente …a partir de 2023, cabe la posibilidad de que le den la noticia de que nuestro Sistema Solar cuenta con un nuevo planeta …o incluso puede que con su propio agujero negro primordial.

 

Pulo, the ninth planet

 

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