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Vivir en la Luna

María Isabel Montero

María Isabel Montero

AERTEC Solutions / Head of PMO & MRO – Madrid Division

En 2019 hemos celebrado el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Fue en julio de 1969 cuando el comandante Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna, dijo: “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”.

Y aquí estamos, hoy en día, planteándonos la posibilidad de vivir fuera de nuestro planeta. Una de las primeras opciones en esta corriente de búsqueda de un nuevo emplazamiento es siempre la de vivir en nuestro satélite, la Luna.

Muchos de los niños de hoy en día forman parte de una generación con posibilidades reales de vivir de modo estable fuera de la Tierra.

Pero, ¿realmente es posible vivir allí?

Muchos científicos, sobre todo de agencias espaciales como la NASA (Estados Unidos), la ESA (Agencia Espacial Europea), la JAXA (Japón), Roscosmos (Rusia) o la Administración Espacial China están convencidos de que esto será pronto una realidad, aunque para ello saben muy bien que antes hay que superar un buen número de barreras. Aquí cabe hacerse muchas cuestiones, menos que respuestas tenemos a fecha de hoy.

¿Qué obstáculos principales hay que vencer para habitar en Luna? ¿Cómo hacerlo viable desde el punto de vista económico? ¿Sería un proyecto apto para el turismo o la Luna solo sería para uso científico? ¿Podría haber turismo? ¿Cómo llegar hasta allí con vehículos certificados y aprobados para el tránsito turístico?

Como punto de partida, y de igual forma que ocurre en nuestro planeta, para la propia vida necesitaríamos aspectos tan básicos como energía, carbono, agua líquida y una atmósfera adecuada que permita el desarrollo de la vida. Pero no solo eso, sino que también habría que prever la protección contra las temperaturas ambientales y sus cambios bruscos, o los peligros derivados de las radiaciones. Tampoco descartemos la caída de meteoritos como un factor de riesgo al que habría que hacer frente.

Actualmente ya hay inversores y empresas que están contemplando la vida fuera de la Tierra como un hecho no muy lejano. Por poner un ejemplo, existe un revolucionario proyecto inmobiliario de viviendas lunares que ya está en marcha. Se trata de un proyecto liderado por el prestigioso estudio de arquitectura Foster and Partners del Reino Unido en colaboración con la ESA que, desde 2012, están realizando los estudios necesarios para crear los primeros hogares fuera de la Tierra.

Uno de los campos de estudio es el aprovechamiento de los avances realizados con impresoras 3D, que ya se han empleado en la construcción de viviendas aquí en la Tierra. Esta firma está explorando la posibilidad de utilizar tales medios para hacer construcciones en las que el ser humano pueda vivir y que se ubicarían en el sur de la Luna, donde la luz del Sol es permanente. El prototipo principal de vivienda está enfocado a cuatro personas, que dispondrían de todo lo necesario para la vida y estarían protegidas de las amenazas externas originadas por los cambios de temperatura, los meteoritos o los rayos gamma, como consecuencia de la ausencia de atmósfera.

La Luna está a unos 384 000 kilómetros de la Tierra y, al ser el transporte de recursos y materiales largo y costoso hoy en día, los científicos están estudiando la posibilidad de usar el regolito como fuente de las materias primas necesarias. El regolito es la capa de materiales no consolidados, alterados, que se presentan como fragmentos de roca o granos minerales (no constituyen un suelo propiamente dicho) y descansan sobre roca sólida inalterada original de la Luna. La idea sería utilizar el regolito como material de construcción para las impresoras 3D.

Según apuntan algunos científicos, el problema del agua podría estar resuelto, pues en los cráteres, cerca de los polos lunares, hay zonas a las que nunca les da la luz del Sol, en las que encontraremos hielo de agua con temperaturas del orden de -220 grados centígrados.

Y, en lo relativo a la alimentación, experiencias ya realizadas en la Tierra demuestran la viabilidad de disponer de sistemas cerrados que permitirían cultivar algunos tipos de plantas de huerta en invernaderos.

Por último, pero no menos importante, nos quedaría hablar sobre el transporte aeroespacial, ya que sin él nunca podríamos llegar a habitar la Luna de verdad.

¿Es imaginable una red de transporte directa con el espacio exterior a la que puedan acceder todas las personas como transporte turístico?

Además de los planes que existen por parte de las agencias espaciales europea (ESA) y de Estados Unidos (NASA), hay otras agencias aeroespaciales como las mencionadas JAXA (Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial), CNSA (Administración Espacial Nacional China) y Roscosmos (Agencia Espacial Federal Rusa), con proyectos muy interesantes para llegar con satélites y robots a la Luna, así como abastecer a la ISS (Estación Espacial Internacional) de forma periódica de cara al futuro.

La solución real podría estar también en manos privadas, como es el caso de SpaceX, que dispone en la actualidad de uno de los cohetes más avanzado tecnológicamente, conocido como Falcon 9. El concepto de escalabilidad ha sido una de las constantes de esta empresa en su carrera espacial, lo que ya demostró con el supercohete Falcon Heavy. Hace poco tiempo han revelado que lo mejor está por venir, como es el caso del BFR (Big Falcon Rocket): un cohete de 106 metros de alto con tecnología 100 % reutilizable y capaz de transportar 150 toneladas de cargamento.

También tienen prevista una nave aeroespacial que se llama proyecto “Moon Base Alpha”, que es la clave para meternos de lleno en el ambicioso proyecto de la base lunar, pues, además de poder llevar suministros a la ISS, también está diseñada para transportar materiales y personas a la Luna e incluso a Marte.

Cuando la NASA recibió el encargo de plantearse un salto en la carrera espacial y específicamente en lo relativo a viajar de nuevo a la Luna con misiones tripuladas, hizo un llamamiento a empresas del sector aeroespacial para crear proyectos y asegurar que en 2024 se estará en condiciones de conseguir el objetivo expuesto.

Por su parte, la Agencia Espacial Europea con el proyecto “Moon Village” quiere establecer una población estable en la Luna, con fecha tentativa para que se produzca este salto en la conquista espacial en el año 2030. Sin embargo, va más allá al considerar que Moon Village permitiría no sólo trabajar en la Luna, sino también el nacimiento del primer ser humano fuera de nuestro planeta, esperado para el año 2040, tal y cómo citó Bernard Foing, director del grupo interestelar lunar de la ESA.

En esta era de emprendimiento no se descarta que en los próximos años nos sorprendan pequeños proyectos, pero muy ambiciosos, relacionados con el desarrollo de diferentes aeronaves específicas como transporte turístico hacia la Luna, una vía de ida y vuelta que no tardaría más de 3 días en llegar al destino elegido para vivir o disfrutar de unas vacaciones.

Y a ti, ¿te gustaría ser un auténtico lunático?

 

Moon

 

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