Osos espaciales

Rodrigo Valdivieso

Rodrigo Valdivieso

AERTEC Solutions / RPAS

Ya sabemos que Marte es el único planeta conocido habitado íntegramente por robots (véase el artículo “Agua en Marte”)…, pero desde este año (2019) se da también la circunstancia de que se sabe que nuestra querida Luna está habitada por osos espaciales.

Pero empecemos por el principio…

El 22 de febrero de 2019, las empresas IAI (Israel Aerospace Industries) y SpaceIL lanzaron su misión Beresheet (Génesis), junto a un satélite de comunicaciones, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde Cabo Cañaveral con un presupuesto total de unos 100 millones de USD.

Una misión espacial terminada en catástrofe puede ser el origen de otra misión destinada a explotar los resultados rescatables de la primera.

El módulo de alunizaje consistía en 150 kg en vacío de equipo (casi 600 kg con combustible), que incluía un magnetómetro para medir el campo magnético local y un reflector láser para mediciones precisas de la distancia entre la Tierra y la Luna aparte de otros elementos «exóticos», como el módulo de «archivo lunar». Dicho módulo, financiado por la Arch Mission Foundation, constaba de un paquete de material biológico destinado a ser almacenado como una reserva biológica de emergencia en caso de que la vida desapareciese de nuestro planeta.

La misión ingresó en órbita lunar el 4 de abril de este año con la intención de alunizar en Mare Serenitatis una semana después, donde se mantendría en activo apenas un par de días para llevar a cabo sus experimentos científicos. Como el equipo se planificó sin un control térmico, la mayoría de sus sistemas se degradarían al cabo de esos dos días por su propio calentamiento de funcionamiento. El reflector láser sería el único elemento que podría continuar funcionando durante décadas debido a su sencillez y funcionamiento pasivo.

Para un correcto alunizaje, la nave debe completar sin fallos la complicada fase de descenso desde una órbita lunar estable hasta la superficie de nuestro satélite. Durante esta fase, es necesario reducir la velocidad con respecto al suelo lunar desde unos 8.500 km/h (velocidad de órbita) hasta cero. Esta fase suele ser bastante crítica, porque cambios de apenas décimas de segundo en tiempos de encendido de los retrocohetes que frenan la nave significan una gran diferencia de posición y de velocidad en el punto de contacto con el terreno. Por tanto, dichos cambios pueden suponer la diferencia entre un posado suave y una catastrófica y violenta destrucción total de la nave.

Por desgracia, justo durante esta fase, se encadenaron dos fallos catastróficos: la unidad inercial de la nave (el sensor que se encarga de ir controlando que la desaceleración se está llevando a cabo a un ritmo adecuado y de manera compatible con una toma segura) falló durante unos segundos, lo que produjo el apagado del retrocohete. Al mismo tiempo, las comunicaciones con la Tierra se cortaron brevemente, lo que impidió la reactivación manual. Cuando se recuperaron las comunicaciones, se pudo arrancar el retrocohete y se obtuvieron las telemetrías de velocidad de descenso y altura. Por desgracia, ya no se podía hacer nada… La velocidad de descenso era muy alta, y la distancia restante hasta la superficie lunar era muy corta. Imposible frenar en tan poco tiempo y tan corto espacio. La nave se estrellaría irremediablemente contra la superficie lunar. Así que la nave procedió a hacer lo único que se podía hacer en esa situación segundos antes de su inevitable destrucción: se hizo un selfie. Efectivamente, las imágenes transmitidas justo antes de la colisión resultan muy… impactantes.

Pero el incidente no termina ahí: el módulo de Arch Mission Foundation también contenía una colección de miles de tardígrados vivos que con toda seguridad han sobrevivido al impacto y ahora están esparcidos sobre la superficie lunar.

Estos tardígrados son seres pluricelulares microscópicos tremendamente abundantes y presentes en prácticamente cualquier hábitat de nuestro planeta. Por su aspecto subjetivamente regordete y de patas rechonchas, desde su descubrimiento fueron llamados «osos de agua» (de ahí el título de este artículo).

La razón de que se hubiese elegido a estos «osos» como parte de la misión es que son los seres vivos más resistentes que se conocen. Pueden sobrevivir en un estado denominado «de metabolismo indetectable» durante decenas de años en el vacío espacial en rangos de temperaturas que van desde -273 °C (casi cero Kelvin) hasta 150 °C y resistir dosis de radiación 100 veces superiores a las que matarían a cualquier otro ser vivo. Su reanimación se produce cuando las condiciones del medio vuelven a un nivel normal para ellos.

Los tardígrados que ahora están en la luna viajaban en un estado de deshidratación que es bastante normal en sus ciclos de vida para superar condiciones desfavorables. Sin embargo, los principales impedimentos para su reanimación en la Luna son el vacío (es decir, falta de agua líquida disponible para reanimarse) y la radiación (que lentamente irá matando a los supervivientes). Posteriormente, la ausencia de alimentos impediría que los posibles supervivientes reanimados pudiesen prosperar y reproducirse.

Esta circunstancia ha levantado bastante polémica y ha motivado que varios grupos anuncien tomar acciones legales contra el operador de la misión argumentando las posibles repercusiones ambientales de este «derrame» biológico. No obstante, a nivel legal, no hay ningún procedimiento que se pueda plantear siquiera. Todo indica que son simples maniobras de exposición pública. Por un lado, las únicas leyes que imperan en nuestro satélite son las de prohibición de proliferación nuclear y armamento (Tratado de Espacio Exterior de 1967). Por otro lado, es muy poco probable que los tardígrados salgan de su estado letárgico sin ayuda externa. Eso sin mencionar que muy probablemente ya han llegado a la superficie lunar cantidades ingentes de bacterias terrestres de todo tipo procedentes de otras misiones anteriores (bacterias que viajaban en el interior de cápsulas o sondas lunares o bacterias intestinales humanas que puede que aún sigan en estado letárgico entre las heces empaquetadas y abandonadas de la misión Apolo).

Lo que sí puede ser positivo es que este experimento fallido se convierta en parte de otro experimento futuro que recoja los restos y compruebe los niveles de supervivencia de estos osos accidentados, como ya ocurrió cuando la misión Apolo 12 alunizó en 1969 cerca de donde lo hizo dos años antes la misión Surveyor 3, para recoger su cámara y traerla de vuelta a la Tierra. A su llegada, se descubrió que la cámara estaba cubierta de Streptococcus mitis que fueron revividos tras dos años de viaje de ida y vuelta a la Luna, exposición al vacío, a temperaturas extremas y a radiación intensa.

 

Osos espaciales / Tardígrados en la Luna
Fotografía de la NASA del lugar de impacto de la sonda Beresheet.

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