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Un vuelo de récord

Tras cancelar su primer vuelo en 2016 por problemas de diseño y de potencia de los motores, el pasado día 13 de abril el avión más grande del mundo realizó su primer vuelo. Permaneció en vuelo dos horas y media, alcanzando una velocidad de 304 km/h y una altitud de 5.185 metros. Entre las especificaciones de su diseño destaca el refuerzo del ala central para poder soportar unos 227.000 kg, suficiente para transportar múltiples vehículos de lanzamiento.

El que ya es el mayor avión del mundo, el Stratolaunch, es tan solo un eslabón en una dura carrera para posicionarse en un mercado de lanzamientos orbitales que no para de crecer.

Paul Allen, cofundador de Microsoft, fundó en 2011 la compañía Stratolaunch Systems con el objetivo de optimizar los costes de un lanzamiento orbital. Diseñó un avión de reacción de 117 metros de envergadura con seis motores diseñados originalmente para el Boeing 747 y un fuselaje doble, capaz de transportar un cohete a unos 10.600 metros de altitud. En este punto el cohete se separa de su aeronave de transporte y con sus propios motores completa su ascenso a la órbita terrestre.

Con esta aeronave Stratolaunch Systems consigue una nueva plataforma de lanzamiento móvil que permite poner en órbita cargas y personas de una forma más barata y rutinaria, así como con unos costes de mantenimiento mucho más bajos, dejando a un lado el costoso método tradicional del cohete por etapas. Además, se minimiza la dependencia de las condiciones meteorológicas y casi la obligación de despegar desde el ecuador por dicho motivo y desviar posteriormente la trayectoria para llegar al punto deseado.

Según Paul Allen, llevar un astronauta a la estación espacial internacional es un 70% más barato con Stratolaunch. Además, el avión volvería a tierra en perfectas condiciones necesitando poco tiempo para la siguiente misión.

Sin embargo, no se trata de un concepto tan novedoso, ya que hay multitud de proyectos precedentes que han avanzado en este tema. Por ejemplo, en Rusia hubo proyectos como el lanzamiento aéreo desde el An-124 Ruslan, el Burlak con un Tu-160, Ishim con el MiG-31 y el Svityaz con el An-225 Mriya; pero ninguno de ellos prosperó.

La compañía Orbital Sciences desarrolló un proyecto de este tipo que funciona desde hace más de 20 años. Consiste en cohetes Pegasus lanzados desde el Stargazer: un Lockheed TriStar modificado para tal fin. En total realizó 43 lanzamientos, 40 de los cuales fueron exitosos. No obstante, todos ellos tuvieron lugar al principio del programa y en los últimos 10 años se llevaron a cabo tan solo tres lanzamientos, lo que puede evidenciar que este proyecto se mantiene a flote meramente con fines científicos y tecnológicos. El fracaso comercial de este sistema tiene varias explicaciones. Ante todo, está la limitación en las prestaciones de los lanzamientos con los cohetes Pegasus: un máximo de 450 kilos a la órbita baja. A esto hay que añadir el elevado precio de lanzamiento, que en 2014 ascendía a los 56 millones de dólares. A modo de comparación, lanzar el cohete ruso Proton-M, que puede sacar a la misma órbita 23.000 kilos, cuesta 65 millones de dólares. Esa capacidad es importante pues no hay que perder de vista que los operarios de satélites pequeños suelen compartir gastos lanzando varios aparatos con el mismo cohete, consiguiendo así una reducción de los costes.

Con la competitividad de este mercado el futuro de Stratolaunch no está despejado del todo. A pesar de que se trata de una compañía joven, se tardó relativamente poco en desarrollar el proyecto. Había sido anunciado en 2011 y ya en 2017 la aeronave fue presentada al público. 

Entre los puntos con cierta incertidumbre figura el hecho de que el proyecto está sufriendo mucho con los cohetes portadores. En principio estaba planeada una cooperación con SpaceX, pero en 2012 la compañía de Elon Musk se retiró del programa. 

Luego hubo una colaboración con Orbital Sciences que tenía previsto desarrollar el cohete Pegasus II, que debería ser capaz de lanzar hasta seis toneladas a la órbita baja. Pero el desarrollo no ha sido fructífero. De hecho, en 2016 propusieron una idea de difícil comercialización: lanzar con cada vuelo tres cohetes Pegasus convencionales. Teniendo en cuenta que en los últimos 10 años fueron lanzados tan solo tres cohetes de este tipo, no parece buena idea. 

Probablemente lo único que mantiene al programa de Stratolaunch a flote sea el hecho de que la compañía está cooperando con la NASA en el desarrollo de su propio cohete espacial con una carga útil de 3,4 toneladas. Aunque sus perspectivas puedan parecer inciertas, es posible que el proyecto salga adelante gracias al auge de las agrupaciones satelitales que están previstas con el desarrollo de Internet por satélite. 

Así, el proyecto OneWeb prevé el lanzamiento de más de 600 satélites, el Starlink SpaceX lanzará 1.528 satélites con la opción de aumentar el número hasta 12.000, mientras que el Project Kuiper Amazon planea poner en la órbita 3.236 aparatos espaciales. 

En un mercado tan amplio podría haber lugar no solo para el Stratolaunch, sino también para el proyecto Virgin Orbit de Richard Branson, que posee asimismo de un sistema de lanzamiento de pequeños satélites: el LauncherOne. Se trata de un cohete de dos fases que es elevado hasta los 10.700 metros de altitud a través de un Boeing 747-400 personalizado.

La NASA ya posee dos Boeing 747 modificados para el transporte de los transbordadores espaciales, pero solo hasta los puntos de aterrizaje y lanzamiento, no tiene capacidad para llevarlos al espacio ya que solo alcanza los 5.000 metros de altitud cuando lleva el transbordador.

Otra posibilidad podría provenir del sector de la defensa. La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos (DARPA) anunció el próximo concurso Launch Challenge, donde participarán tres compañías. Se informará a los participantes del lugar de lanzamiento con varias semanas de antelación y se les entregará la carga para el lanzamiento algunos días antes. La misma operación se repetirá varias veces. De esta forma, los militares simularán situaciones en las que tienen que tratar con circunstancias imprevistas de una manera rápida y operativa.

También está SpaceX del multimillonario Elon Musk con sus cohetes verticales reutilizables de dos etapas Falcon. Esta empresa incluso apunta mucho más alto, concretamente a la carrera espacial para mandar personas a Marte.

No cabe duda de que el espacio ya no es una cuestión circunscrita exclusivamente a las grandes agencias nacionales, con capacidad tecnológica y enormes presupuestos para abordar proyectos de esta envergadura, sino que la empresa privada ya ha entrado con fuerza y para quedarse en el mundo aeroespacial.

 

 

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25/06/2019

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