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Avión de combate HA–200

Recuerdo con nostalgia algunas noches frías de cuando era niño. Sentado junto a mi padre, cerca de la estufa de leña que teníamos en casa, me gustaba escucharle contar anécdotas de su estancia en el servicio militar en el acuartelamiento de Tablada, en Sevilla, cuando aún era un lugar con pista operativa para aviones de combate.

La tradición aeronáutica en España tuvo a uno de sus mejores exponentes con la fabricación del Saeta.

Una de esas veces que me quedaba escuchándole con el placer de un hijo que escucha a un padre al cual tiene como “héroe”, contó las hazañas de un comandante a los mandos de un HA–200. Siempre hablaba de ese avión:

El Saeta (HA–200) y el Super Saeta (HA–220) era de los mejores aviones a reacción que ha tenido España. Su diseño y capacidad de maniobrabilidad y velocidad eran especiales. Muchas veces, el comandante decidía hacer vuelos de prueba del Super Saeta y se ponía a hacer giros y acelerones. Algunas veces lo veíamos coger la línea del río Guadalquivir y casi rozaba el agua, levantando una estela detrás de él. Cuando estaba cerca del puente de hierro que unía San Juan de Aznalfarache con Sevilla aceleraba los motores y pasaba por uno de los ojos del puente.

El puente de hierro (que es así como se le conoce) no tendrá más de diez metros de altura a la superficie del río y la distancia entre ojos del puente es de unos sesenta metros aproximadamente. Lógicamente, para un avión cuyas medidas son 3,2 metros de altura y 10,4 metros de envergadura hablamos de unas medidas holgadas del ojo del puente, pero, ¿y la velocidad? El comandante haría sus pasadas a una velocidad de unos 500 km/h y a esa velocidad todo se hace pequeño.

Mi padre consiguió que yo admirara al Super Saeta y de ahí vino mi interés por su historia.

El avión HA–200 y su posterior HA–220 fueron fabricados por la empresa Hispano Aviación Sociedad Anónima (HASA). Estaba diseñado por un grupo de ingenieros entre los que se encontraba Rafael Rubio Elola (propulsor de los sistemas Canard en el morro de los aviones supersónicos como método de equilibrado longitudinal) y bajo la supervisión de Wilhelm Emil Messerschmitt (creador del reactor Me 262, utilizado en la Segunda Guerra Mundial). Fue el primer avión a reacción diseñado y fabricado en España. El 12 de agosto de 1955, el piloto de pruebas Fernando de Juan Valiente realizaba el primer vuelo de este reactor.

Comercialmente no tuvo mucho éxito, quizá debido a la estética clásica de ala trapezoidal de flecha positiva en un tipo de avión en el que se estaba imponiendo el ala en delta o flecha. El único comprador del diseño fue Egipto, quien utilizó estos modelos para la Guerra del Yom Kipur contra Israel (HA–200B bajo el nombre de Al–Qahira).

El ejército español fue el principal comprador de este reactor. Pasó por diferentes versiones, adecuándose a las necesidades y mejoras que se imponían por el paso del tiempo, la tecnología y sus posibles usos. Sirvió como avión de entrenamiento hasta que, en los años 70, España entró en el conflicto del Sáhara, donde se le armó con dos ametralladoras CETME de 7,7 mm, dos ametralladoras Browning M2 de 12,70 mm y cuatro soportes subalares para bombas y lanzacohetes. Resultó ser un buen equipo para combates aire–tierra contra guerrillas del Frente Polisario.

El Saeta y el Super Saeta tenían 2 motores turborreactores Turbomeca Marboré, de fabricación francesa, con una potencia de 400 kg de empuje cada uno en el HA–200 (Turbomeca Marboré II) y de 480 kg de empuje cada uno en el HA–220 (Turbomeca Marboré VI). Esto le proporcionaba la capacidad de alcanzar velocidades máximas de 670 km/h y un techo de servicio de 13.000 metros. Podía despegar con un máximo de peso de 3.700 kg (teniendo en cuenta que su peso en vacío era de 2.300 kg).

Una de las cualidades con la que destacaba era su capacidad de maniobra a baja velocidad, lo que le proporcionaba cierta ventaja táctica contra la intercepción de otros aviones a reacción de la época, como le ocurriría en la Guerra egipcio-israelí contra los aviones SkyHawk y Mirage israelíes.

En España, estos aviones tuvieron su mayor servicio en la Base Aérea de Morón, en Sevilla, bajo el mando del ALA 21, los cuales fueron retirados del servicio en 1981.

Aunque existen algunas unidades con capacidad de vuelo en manos de particulares, actualmente pueden encontrarse muchos de estos reactores colocados en rotondas, parques, barrios, etc. donde se exponen como recuerdo de un avión de origen español y su vinculo con una sociedad volcada con la aeronáutica.

 

 

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25/12/2018

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