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Aeropuertos y drones

 

La inefable influencia de la evolución tecnológica en todas las facetas de la vida es algo tan evidente como imprevisible en la mayoría de los casos. Un ejemplo claro de ello es la aparición, desarrollo y boom de los drones para uso civil. Han irrumpido con fuerza en la sociedad actual con aplicaciones que van desde un uso estrictamente recreativo hasta su utilización con carácter productivo (filmación, seguridad, inspecciones, mensajería, comunicación, etc.).

Un buen número de países están inmersos en el desarrollo de una legislación eficaz que ponga coto a la utilización indiscriminada o descontrolada de los drones.

No cabe duda de que los drones aportan un buen número de soluciones a necesidades cotidianas y han abierto las puertas a nuevas aplicaciones, usos e incluso desarrollos profesionales que eran desconocidas, por inexistentes, hace unos pocos años. Pero también se han convertido en un riesgo para ciertas actividades, que ahora contemplan su presencia como una amenaza potencial.

En el caso de los aeropuertos hemos vivido recientemente varios incidentes en los que se han visto involucrados aviones y drones. En todos los casos, sin excepción, la imprudencia o la culpabilidad de los incidentes ha recaído de la parte de los drones, mientras que el riesgo para la seguridad ha incidido en la parte de los aviones.

Además, para complicar más las cosas, la mayoría de estas situaciones se producen durante las maniobras de aterrizaje o despegue, momentos en los que la carga de trabajo en cabina es mayor y, por tanto, el estrés de las tripulaciones es más elevado. En Estados Unidos, por ejemplo, se han identificado en el último año 241 incidentes en los que se vieron involucrados drones y aeronaves. Algo similar está pasando en el resto del mundo, con episodios de cierta gravedad documentados en los aeropuertos de París, Londres, Santiago, Bilbao, Roma o Atenas, por citar algunos de ellos.

Un buen número de países están inmersos en el desarrollo de una legislación eficaz que ponga coto a la utilización indiscriminada o descontrolada de estas pequeñas aeronaves, especialmente en entornos de riesgo como son los aeropuertos. Algunos países ya tienen regulado su uso desde hace unos cuantos años. Pero no solo eso. Las autoridades y organizaciones aéreas se centran igualmente en otras acciones colaterales como son la prevención o la detección.

En el contexto de la prevención, aparte de la existencia y el cumplimiento de la Ley por parte del piloto del dron, se está probando la instalación de dispositivos y software que les impida entrar en espacios aéreos sensibles inhibiendo sus capacidades.

En lo relativo a la detección el abanico de soluciones es más amplio. El primer reto es disponer de instrumentos fiables que permitan localizarlos. A continuación, las acciones que se proponen (algunas de ellas ya en uso) van desde la utilización de aves rapaces que capturen o derriben al dron hasta lanzadores de redes que los atrapen en vuelo.

Afortunadamente, hasta ahora los incidentes no han pasado a mayores. Es precisamente en este momento cuando es necesario poner todos los medios para evitar episodios que podamos lamentar en el futuro. Porque, además, el parque de drones no para de crecer.

Y usted, ¿qué opina?

¬ EEUU estudia tecnologías para desactivar drones en la cercanía de aeropuertos (ENG)

¬ En la UE quieren que todos los drones se registren (ENG)

¬ Drones para uso civil, una tecnología de doble filo (ESP)

 

 

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20/09/2016

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