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Menos es más. Se acabó el equipaje en la bodega

Vicente Padilla

Vicente Padilla

AERTEC / CEO & Founder

 

En el futuro la facturación de maletas no se permitirá en los vuelos. ¿Absurdo? Pregúntele al dueño de Ryanair.

Sólo imagine todo lo que se ahorra: mostradores de facturación, cintas transportadoras, sistemas complejos de tratamiento de equipaje, ULDs, hipódromos, remolques de equipaje, … la lista parece interminable. Piénselo, nada de esto existe en una estación de trenes. Mas aún, edificios existentes y zonas de aparcamiento se podrán utilizar para otras cosas. Por último, los enormes costes laborales –personal de mantenimiento y operativo– se podrán eliminar de un tirón. Sin duda, el pasajero se verá beneficiado por estos ahorros.

Acarrear grandes bolsas con nuestros trastos por todo el mundo, ida y vuelta, no parece muy inteligente.

No tengo duda de que la competencia despiadada de las aerolíneas de bajo coste existentes empujará al mercado hacia esta dirección: en avión, sólo equipaje de mano.

Por supuesto, muchas cosas tienen que cambiar. Las aeronaves se deberán rediseñar para incluir compartimientos superiores más grandes o, como en los trenes, incorporar compartimientos de equipaje independientes, especialmente en viajes de larga distancia.

También se deberá re-educar a los pasajeros. Algunas aerolíneas ya lo están haciendo. Cobran a los pasajeros – y nada barato – por el equipaje facturado. O’Leary dice que él ha “re-educado a los pasajeros en cuanto a la manera en que viajan.» Hoy en día menos del 20% de los pasajeros de Ryanair facturan equipaje, un 80% menos que años atrás.

Si se prohíbe la facturación de equipaje, los pasajeros tendrán que arreglárselas con menos. ¿Imposible?

Muchos ya se han dado cuenta de que no sólo es posible, sino que además es revelador. Menos es más. En la actualidad, muchas personas ya no van al aeropuerto con horas de anticipación. Sólo llegan, tarjeta de embarque en mano, pasan el control de seguridad y hop!!… a volar. Por supuesto, tampoco se pierde tiempo en la cinta de equipaje en destino. Al llegar, los pasajeros que viajan con poco equipaje se las apañan sin problemas. La gente alquila los esquís o los palos de golf en destino y, si se quedan sin ropa limpia, unas pocas monedas resuelven el problema en la lavandería automática más cercana.

Acarrear grandes bolsas con nuestros trastos por todo el mundo, ida y vuelta, no parece muy inteligente. Tampoco parece muy ecológico. Podemos amarlo u odiarlo, pero las ideas revolucionarias de O’Leary no sólo liberan nuestro tiempo y dinero; puede que –a largo plazo– también sean nuestras almas las liberadas.

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