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La aeronáutica y la cuarta revolución industrial

David Doral

David Doral

DANTE AeroNautical

 

Estamos ante las puertas de la cuarta revolución industrial. Ud. se preguntará cómo es posible, si ha faltado al colegio el día en que dieron la segunda y la tercera, o si está tan mayor (y despistado) que se ha saltado dos revoluciones sin haberse dado cuenta. No se preocupe demasiado. Intentaré explicar en este artículo cómo la historia no ha cambiado mucho respecto de lo que aprendimos en el colegio; solo han variado los nombres que la gente da a las cosas.

La Fábrica del Futuro conectará todos los elementos en la cadena de suministro y la fábrica misma.

El futuro de la fabricación ha estado siempre muy relacionado con el desarrollo de la nueva tecnología, pero, en general, la tecnología ha sido solo un catalizador de un concepto más amplio, de un paradigma que subyace una filosofía industrial en su sentido más amplio.

La primera revolución industrial, la que más conocemos, comenzó a finales del siglo XVIII y permitió pasar de la producción manual a la producción mecánica. La segunda revolución industrial llegó con el cambio al siglo XX y con la electrificación de los medios de producción. En los años 1900, el nuevo paradigma fue la producción en cadena, adaptada por la industria automotriz norteamericana. Digo «adaptada» intencionalmente, puesto que resulta interesante destacar que la producción en cadena no fue inventada por Henry Ford ni por ninguno de sus acólitos. En realidad, este pionero industrial tomó prestada la idea del sector de las carnes rojas de Chicago, donde algunos visionarios se dieron cuenta de que la forma más eficaz de despiezar a los animales para el consumo humano consistía en dividir el para nada elegante conjunto de operaciones de matanza y deshuesado en tareas muy básicas que podían llevarse a cabo de manera repetitiva en una cadena mucho más rápidamente que si matarifes individuales intentaran despiezar su propio ganado o cordero en porciones comestibles.

Dejando a un lado estas anécdotas no aptas para veganos, la segunda revolución industrial fue impulsada por la electricidad y por la cadena de producción, un factor de desarrollo de economías de escala.

banner-video-cuartarevolucionindustrial-315x210-02-ESPLa tercera revolución industrial vino después en el mismo siglo con la digitalización de procesos. Control programado, PLC, almacenamiento de datos electrónicos, robótica… También podríamos decir que la columna vertebral «espiritual» de esta tercera revolución fue la filosofía LEAN, la cual elevó la fabricación a niveles superiores.

No obstante, en la industria aeronáutica, se ha demorado mucho en adoptar algunos de los elementos de esta tercera revolución industrial. Además, algunos de ellos acaban de llegar a la industria o no se han adoptado de forma masiva aún. Por ejemplo, la producción LEAN se adoptó definitivamente en la industria aeronáutica durante los últimos 10-15 años, mientras en el mundo automotriz llevaba ya varias décadas.

Otro ejemplo es la automatización y la robótica. Sí, ahora podemos ver robots en una planta de producción aeronáutica, pero la realidad es que el componente humano prevalece ampliamente aunque con la ayuda de herramientas. Por supuesto que hemos sido testigos durante ya algunos años de avances significativos en robótica aplicada a la aeronáutica, como son máquinas ATL para componentes en material compuesto de gran tamaño, o máquinas de taladrado para tareas de remachado específicas. No obstante, éstas son por lo general grandes máquinas cuyo coste solo se justifica para tareas muy específicas, y su adopción fue principalmente impulsada por motivos de precisión o complejidad.

Irónicamente, la aeronáutica, para algunos una de las áreas más avanzadas de desarrollo humano, se queda atrás en comparación con otras industrias. Probablemente, la principal razón es la naturaleza artesanal que requiere la fabricación del sector aeronáutico. Los aviones son máquinas complejas y en general de gran tamaño, y para producirlas se requieren múltiples tareas, desde la más mundana hasta las operaciones de montaje más sofisticadas, que se producen generalmente en series muy breves. También diría que la industria aeronáutica es comparativamente más lenta, antigua y no particularmente innovadora, pero me reservaré ese controvertido pensamiento para otra ocasión.

Pero las buenas noticias son que la cuarta revolución con su cambio de paradigma puede acudir al rescate de la industria aeronáutica en esta ocasión. Industria 4.0, la Fábrica del Futuro, o cualquiera que sea el término que queramos utilizar, conectará todos los elementos (lo que se denomina internet de las cosas) en la cadena de suministro y la fábrica misma, y permitirá que la producción personalizada entre en un juego donde incluso se puedan producir grandes series mientras cada artículo se personaliza siguiendo especificaciones definidas potencialmente por cada cliente individual. Esta nueva tendencia, facilitada por descubrimientos tecnológicos como Big Data o la robótica avanzada, aunque esté impulsada nuevamente por los sectores automotriz o de productos electrónicos de consumo, estará esta vez mucho más ajustada a las necesidades de la industria aeronáutica. La forma en la que esto se lleve a cabo será tema para nuestro próximo debate…

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