En el cielo hay miles de aviones comerciales y de carga, drones, satélites, estaciones científicas, e incluso basura espacial. Estos objetos se mueven en órbitas específicas a diferentes altitudes, lo que ayuda a mantener un cierto orden en la atmósfera.
Mirar hacia el cielo es una acción que tiene muchos sinónimos: soñar, investigar, relajarse, pedir deseos, ilusión, esperanza, amor, inquietud o el que más me gusta, aventura.
Cada vez que miramos al cielo, sea de día o de noche, podemos ver algunas de las aeronaves que nos sobrevuelan. Seguramente somos capaces de descubrir unas pocas a simple vista, pero no acertamos a imaginar los centenares de ellas que realmente están ahí en cada momento. Drones de entretenimiento, globos, aviones comerciales, cohetes de investigación, aviones militares, satélites…
Son miles, muchos miles de aeronaves las que surcan el cielo cada día.
Gracias a esas aeronaves viajamos y se trasladan mercancías entre casi cualquier lugar de la tierra. Y gracias a los satélites, mucho más lejanos, eso sí, podemos mandar mensajes desde un móvil, conectarnos a Internet en zonas remotas, saber nuestra posición, ver nuestra casa en Google Maps o saber qué tiempo va a hacer la próxima semana. Y la Estación Espacial Internacional (y las que vendrán), por poner un caso que se sale de lo común, es un laboratorio excepcional para muchas de las innovaciones y adelantos que usamos cotidianamente, aunque no seamos conscientes de ello.
Todas esas aeronaves y objetos se mueven en órbitas específicas a diferentes altitudes, lo que contribuye a que estén más ordenadas de lo que inicialmente se pudiera pensar. Hay órbitas donde se concentran grupos de aeronaves mientras que hay otras que están casi vacías.
Pero no es útil todo lo que reluce en el cielo. También hay otros objetos que no son aeronaves: la basura espacial. Más de 8.000 restos de cohetes, satélites en desuso o trozos de ellos que todavía están ahí.
En esta infografía se muestran las principales o más célebres aeronaves que sobrevuelan nuestro planeta, o lo han hecho en el pasado, a fin de que podamos ordenar de un vistazo ese enorme cielo que tenemos encima de nosotros.