Imagine que nada más llegar al aeropuerto usted es recibido por una máquina antropomorfa parlante que le da la bienvenida. Le sugiere que, a fin de que usted lleve menos peso, le confíe su equipaje. A continuación, la máquina leerá el código QR de su pasaje o tarjeta de embarque y se despedirá de usted amablemente, no sin preguntarle antes si tiene alguna duda por resolver. No volverá a ver la máquina pero, sin que usted lo advierta, se habrá encargado ella sola de ir al correspondiente mostrador y facturar su maleta de forma segura para que usted tan solo tenga que recogerla en su destino. La robotización de tareas repetitivas es un factor de mejora en las operaciones aeroportuarias más eficientes, liberando al personal humano para tareas de mayor valor y reduciendo errores en protocolos críticos.
Aeropuertos de todo el mundo son un campo de pruebas perfecto para evaluar la interacción entre robots y personas. Los servicios y las posibilidades que ofrecen son muchas.
Esto es tan solo un botón de muestra de lo que ya hacen algunos robots en aeropuertos de todo el mundo.
Las utilidades son muchas. Tantas como pueda alcanzar nuestra imaginación. Pero la tecnología ya está suficientemente madura en muchas facetas como para asignar a diversos robots tareas de cierta complejidad.

¿Y por qué los aeropuertos? Muchas de estas máquinas son sometidas a intensos ensayos inicialmente en los centros de investigación donde han sido desarrolladas. Pero el campo de pruebas adecuado es un entorno en el que deban realizar misiones complejas con múltiples variables e interactuando con las personas. Los aeropuertos son lugares adecuados para la puesta en práctica de sistemas cognitivos. No solo se trata de la relación inicial con el interesado, sino del cúmulo de variables que se pueden presentar tales como personas que se cruzan, colas de pasajeros esperando, puestos de información, equipajes sueltos, cambios súbitos en las puertas de embarque, situaciones de emergencia, etc.

Si vamos a casos concretos de éxito, hay casi un centenar de aeropuertos que ya usan máquinas autónomas –antropomorfas o no- para dispensar diferentes tipos de servicio a las personas.
Spencer, por ejemplo, es un robot antropomorfo (aunque sin brazos) que atiende las necesidades de los pasajeros en el aeropuerto de Schiphol (Amsterdam) y les ayuda a coger el avión a tiempo. Leo, por su parte, es un robot que lleva las maletas en el aeropuerto de Ginebra, en este caso de forma poco antropomorfa ciertamente. ASIMO estuvo varias semanas guiando a los pasajeros en Narita (Tokio). En ese aeropuerto esta NAO, un robot que se encarga de decirle a los pasajeros los tipos de cambio en todo el mundo y gestionar sus divisas. O en Beijing nos podríamos encontrar con Anbot, pensado para que pueda realizar tareas de vigilancia y seguridad.

La realidad es que ya no debería sorprenderse cuando le den los buenos días en el aeropuerto y, al girar la cabeza, vea una máquina de aspecto extraño junto a usted. No lo dude, sonría y devuélvale el saludo. Que usted llegue a tiempo a su avión o que no tenga que cargar con sus maletas puede depender de ello.
