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Espacio: la nueva carrera comercial

Durante varias décadas hemos hablado y disfrutado de la llamada carrera espacial. El ser humano por fin era capaz de alcanzar un sueño ancestral. Para lograrlo tuvieron que encontrarse en el tiempo el conocimiento tecnológico y la capacidad y ambición de algunos países para superar retos presupuestariamente inalcanzables. Curiosamente el gran motor, además del espíritu de aventura, fue demostrar la superioridad de unas grandes potencias frente a otras. Esta carrera de presupuestos inmensos solo se la podían permitir las naciones o agrupaciones de estas. Para organizar los esfuerzos se crearon las agencias espaciales (NASA, ESA, etc.) como brazos tecnológicos y administrativos para los diferentes proyectos nacionales o supranacionales. Con esta forma de adentrarnos en el espacio los avances se realizaban a base de presupuestos estatales y con ellos hemos vivido periodos muy intensos y otros de demasiada calma. Tras 50 años de incursiones en el espacio las reglas del juego por fin han cambiado.

La carrera comercial espacial ha comenzado y hay mucha más gente con ideas y capacidad económica para encontrar su lugar en el espacio.

Aunque el relevo tractor de los presupuestos del estado a los empresariales lleva haciéndose poco a poco desde hace años, ha sido muy recientemente cuando hemos visto un autentica revolución comercial en esta fabulosa carrera. La tecnología ha seguido avanzando para ser más accesible, las grandes empresas son capaces de generar más recursos apostando más fuerte y cierta ola de culto al emprendimiento y a la aventura empresarial ha hecho el resto. En los últimos años han aparecido nuevos nombres “privados” asumiendo el riesgo y el protagonismo de la aventura espacial, y también por qué no, del negocio que pueda generar. Hoy hablamos de empresarios como Elon Musk fundador de SpaceX, Jeff Bezos con Blue Origin o Richard Branson en Virgin Galactic. Amazon, Google, Facebook, OneWeb o Planet Labs, todo capital privado, invierten y lanzan constelaciones de satélites. Deep Space Industries, Planetary Resources o Kleos Space desarrollan su tecnología para hacer minería en asteroides. Bigelow Aerospace fabrica hábitats para el espacio. Rocket Lab en Nueva Zelanda y PLD Space en España, startups de emprendedores locales, desarrollan lanzadores para puesta en órbita a precios competitivos. Numerosas empresas o fundaciones tienen la capacidad económica para lanzar microsatélites o CubeSats con todo tipo de propósitos. Y por supuesto, las empresas en el negocio de telecomunicaciones o de observación de la tierra invierten cada día más en espacio como parte esencial de su modelo de negocio. Incluso naciones, como es el caso de Luxemburgo, desarrollan nuevos marcos legislativos para atraer a su país a los nuevos emprendedores del espacio y al capital riesgo que trabaja con ellos.

En definitiva, ya no solo traccionan los presupuestos de las grandes potencias, la carrera comercial ha comenzado y hay mucha más gente con ideas y capacidad económica para encontrar su lugar en el espacio. La inversión privada supone un nuevo estímulo decisivo, multiplicador de iniciativas y aparición de la competencia comercial. Ahora sí que vamos a avanzar rápido mientras se busca la eficiencia en el esfuerzo. Hay algo que siempre digo, cualquier sector industrial o tecnológico puede ir a mejor o a peor según toque, pero el del Espacio solo tiene una previsión, seguir creciendo. Además, solo estamos empezando.

 

 

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16/07/2019

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